Medio Oriente tensiona la logística global y acelera un cambio de paradigma en la supply chain 

Medio Oriente tensiona la logística global y acelera un cambio de paradigma en la supply chain 

Buenos Aires, 30 de marzo de 2026. La dinámica del comercio internacional atraviesa un punto de inflexión. La creciente tensión en Medio Oriente no solo reconfigura el mapa geopolítico, sino que está modificando de forma estructural el funcionamiento de la logística global, impactando en rutas, costos y tiempos de tránsito. 

En los últimos meses, zonas estratégicas como el Mar Rojo y el Estrecho de Bab el-Mandeb se consolidaron como corredores de riesgo permanente, mientras que el Estrecho de Ormuz sumó nuevos niveles de incertidumbre. Este escenario no solo afecta a los flujos regionales, sino que genera un efecto dominó sobre toda la red logística internacional. 

“Estamos viendo cómo múltiples puntos críticos operan en simultáneo, algo que tensiona al sistema completo. Ya no se trata de una disrupción puntual, sino de un entorno inestable que redefine la forma de planificar la logística”, explica Silvana Prieto, Sales Manager de Robinson Logistics. 

Como consecuencia, el desvío de rutas dejó de ser una solución excepcional para convertirse en una práctica habitual. La mayoría de los servicios marítimos que conectan Asia con Europa, y buena parte de los que llegan a América, optan por rodear África a través del Cabo de Buena Esperanza. Este cambio implica recorridos más extensos, pero también una reconfiguración profunda del uso de la flota global.   

“La distancia adicional no solo impacta en los tiempos, sino en la disponibilidad de equipos. Los buques pasan más tiempo en tránsito y eso reduce la capacidad del sistema en su conjunto”, señala Prieto. 

El impacto económico de este escenario es inmediato. El aumento de los fletes en rutas clave, el fuerte incremento en los seguros de guerra y el mayor consumo de combustible configuran una estructura de costos más elevada y volátil. A esto se suma la pérdida de confiabilidad en los itinerarios, con demoras, reprogramaciones y menor previsibilidad en las entregas. 

“Hoy la planificación logística requiere mucha más flexibilidad. Las empresas están dejando de pensar únicamente en eficiencia para empezar a priorizar continuidad operativa”, agrega Prieto. 

En paralelo, la tensión sobre el Estrecho de Ormuz introduce un factor adicional: el riesgo sobre el abastecimiento energético global. La posibilidad de interrupciones en este corredor genera volatilidad en los precios del petróleo y del gas, mientras que también se registran dificultades en el flujo de insumos industriales y agrícolas que dependen de estas rutas. 

Este contexto global ya comienza a tener efectos concretos en América Latina. La extensión de los tiempos de tránsito y la reorganización de las flotas impactan en la disponibilidad de contenedores en la región, mientras que el incremento de costos se traslada a las importaciones, especialmente desde Asia. 

“Lo que pasa en Medio Oriente tiene impacto directo en Latam. La logística está completamente interconectada y cualquier disrupción en estos nodos estratégicos repercute en toda la cadena”, afirma Prieto. 

De cara a los próximos meses, el escenario más probable es el de una disrupción sostenida, donde las empresas deberán adaptarse a una logística menos predecible y más exigente en términos de gestión. En este marco, la capacidad de anticiparse, diversificar rutas y contar con mayor visibilidad sobre las operaciones será clave. 

“La resiliencia dejó de ser un concepto teórico para convertirse en una necesidad concreta. Las compañías que logren adaptarse más rápido van a estar mejor preparadas para sostener su operación en este contexto”, concluye Silvana Prieto. 

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